Poner límites: cómo y cuándo hacerlo
- Victoria Albo
- hace 12 minutos
- 2 Min. de lectura

Hablar de límites no es hablar de egoísmo o distancia emocional. En terapia, los
límites son una herramienta muy importante de autocuidado, regulación emocional y construcción de relaciones sanas.
Poner límites es, una forma de decir “esto es lo que necesito para estar bien”.
Los límites nos ayudan a protegernos y permiten que el vínculo con otras personas sea más claro, respetuoso y equilibrado. Cuando no existen —o son confusos— suelen aparecer el malestar, la culpa y/o la sobrecarga emocional.
Hoy hablamos de los principales tipos de límites, cómo se manifiestan y por qué son tan importantes:
1. Límites emocionales: proteger lo que sientes
Los límites emocionales tienen que ver con diferenciar lo que siento yo de lo que siente la otra persona. Para ello, debemos entender que no somos responsables de regular las emociones de los demás.
¿Por qué me cuesta ponerlos?
Miedo al rechazo
Dificultad para decir “no”
Complacer al resto
Confusión entre empatía y sobreimplicación
Un ejemplo de límite emocional es: decidir cuándo y con quién hablas de cómo te sientes.
¡Recuerda!: Poner límites emocionales significa poder acompañar, escuchar y ayudar sin dejarse a un lado. Es entender que empatizar no es sacrificarse a unx mismx.
2. Límites físicos: el derecho sobre tu propio cuerpo
Los límites físicos hacen referencia al contacto corporal y al espacio personal. Cada persona tiene una tolerancia distinta al contacto, y todas son válidas.
Algunos ejemplos de límites físicos son:
Decidir cuándo y cómo quieres contacto físico
Respetar tu espacio personal
Escuchar las señales de incomodidad corporal
3. Límites verbales: cómo nos hablamos y nos hablan
Los límites verbales tienen que ver con el lenguaje que permitimos en nuestras relaciones: el tono, las palabras, las bromas, las críticas y la forma de comunicarnos.
Cuando no existen límites verbales claros, se normalizan dinámicas como:
Comentarios hirientes “en broma”
Descalificaciones
Invalidación emocional
Comunicación agresiva o pasivo-agresiva
Un ejemplo de este tipo de límite es: expresar lo que molesta, duele o no es aceptable.
4. Límites temporales: cuidar tu descanso y tu disponibilidad
Los límites temporales se refieren a cómo gestionamos nuestra disponibilidad, nuestras prioridades y nuestro descanso.
La dificultad para poner límites con el tiempo suele estar relacionada con:
Perfeccionismo
Necesidad de aprobación
Miedo al conflicto
Creencias de “deber” constantes
Poner límites temporales implica reconocer que no estar disponible todo el tiempo no es abandono, sino autocuidado.
5. Límites digitales: liberarse de la hiperconexión
Estos límites hacen referencia al uso de redes sociales y la exposición constante a estímulos.
Poner límites digitales significa decidir cuándo contestar, cuánto exponerte, qué contenido consumir y cuándo desconectarte. No es rechazo, es autorregulación emocional.
Y, ¿qué pasa si cuando los pongo siento culpa?
Sentir culpa cuando se ponen límites es algo normal. Esto se debe a que muchas veces se asocia el poner límites con hacer daño, decepcionar o perder vínculos. Sin embargo, ocurre al revés, los límites no rompen relaciones sanas: las fortalecen.
Aprender a poner límites es un proceso. A veces incómodo, a veces desafiante, pero profundamente transformador. Es una forma de decirte: “yo también importo”.



Comentarios