Confrontar para sanar: el valor de decir lo que sentimos
- Victoria Albo
- 24 nov 2025
- 2 Min. de lectura
Cuando escuchamos la palabra confrontar, solemos asociarla con atacar, discutir o generar conflicto innecesario. Sin embargo, desde la psicología, la confrontación tiene un sentido muy diferente: es un acto de honestidad emocional. Implica poner sobre la mesa una verdad, un límite o una necesidad que ha sido ignorada, reprimida o pospuesta.

Confrontar significa afrontar una situación de manera directa y respetuosa, ya sea con uno mismx o con otrxs. Es observar la realidad sin evasiones, reconocer lo que sentimos y comunicarlo con claridad. En esencia, es dejar de huir y mirar aquello que nos duele, nos molesta o nos limita. Es un proceso consciente que nos invita a expresar que que necesita atención, aunque resulte incómodo.
1.¿POR QUÉ ES NECESARIA LA CONFRONTACIÓN?
Evitar estas conversaciones genera tensiones internas. Cuando callamos lo que sentimos, es común que aparezcan el resentimiento, la ansiedad y la frustración. Lo no dicho se convierte en un peso emocional que cargamos sin darnos cuenta.
Además, confrontar aporta claridad en las relaciones y situaciones: aclara expectativas, necesidades y límites. Ayuda a ordenar lo que está confuso, a prevenir malentendidos y a construir vínculos más transparentes.
2.BENEFICIOS DE CONFRONTAR (de manera saludable):
● Reduce la ansiedad generada por evitar problemas.
● Fortalece la autoestima, al validar y defender nuestras necesidades.
● Mejora las relaciones, al promover comunicación honesta.
● Fomenta límites sanos, esenciales para el bienestar emocional.
● Aumenta el autoconocimiento, al hacer visible lo que sentimos y necesitamos.
3.CLAVES PARA CONFONTRAR:
No se trata de “decir las cosas como sea”, sino de hacerlo con consciencia:
1. Antes de hablar, identifica lo que realmente sientes.
2. Elige el momento adecuado. Evita confrontar en plena tensión emocional.
3. Usa un lenguaje claro y respetuoso. Habla desde tu experiencia: “yo siento...”, “yo
necesito...”. Evita señalar a lxs demás.
4. Sé concreto, no generalices. En lugar de “siempre haces...”, menciona y pon
ejemplos sobre situaciones concretas.
5. Escucha al otro. Confrontar es un diálogo, no un monólogo.
6. Mantén tus límites. No confrontes para agradar ni para ganar: hazlo para cuidarte.
Confrontar no es pelear: es construir. Es atrevernos a ser honestos, a mirar lo que
nos incomoda y a abrir espacio para relaciones más sinceras y para un mayor bienestar
emocional. En definitiva, confrontar es un acto de valentía que nos hace crecer y cuidarnos emocionalmente.
Y tú, ¿seles confrontar en tus relaciones?